De Plumas y Lecciones de Vuelo – Carta abierta a la Redacción
Escribe Anibal Rey
Lo admito.
Soy un pequeño redactor.
No puedo hacer en la computadora mucho más que teclear de corrido mis ideas en forma más o menos desordenada, sobre fondo blanco y en Times New Roman.
Ni tabular sé…
Por eso, a primera vista, puede parecer que el oficio de Redactor es como el Patito Feo de la Creatividad Publicitaria.
Pero, más allá de la falta de impacto visual, de “punch” que se le dice…las palabras son en la publicidad la materia prima más elemental para plasmar una idea.
Sucede que –a simple vista- los Redactores somos la especie publicitaria que menos ha evolucionado.
En 50 años no pudimos sino dar el salto de la máquina de escribir al teclado de computadora. Y hasta ahí…..
La verdadera evolución estuvo y está en nuestras cabezas y en nuestro corazon.
Por eso es que estamos lejos, lejísimo de declararnos en extinción.
Tal vez porque estamos un poco a contrapelo de tantea evolución tecno-lógica…Punto.
Y aparte.
Espacio.
Siempre me gustó imaginar a las ideas como pájaros.
Vuelan muy muy alto, pero sólo con una enorme dosis de paciencia y unas gotas de ternura, los redactores logramo que esas ideas se posen sobre nuestras cabezas y acepten, no sin antes dar vueltas y vueltas sobre nosotros, posarse sobre la mesa de trabajo.
Será por eso, quizás, que la herramienta básica de quien escribe se sigue llamando “pluma” ?
Pero al final -sin ponernos tan pretenciosos- la palabra y la letra son como la argamasa del escultor.
Se modelan, se reducen, se van afinando hasta que adquieren la forma definitiva del trabajo terminado.
Parece que al final, voy a tener que admitir, arrinconado por mis propias palabras, que los redactores –más tarde o más temprano- terminamos jugando con ellas. Y –como ahora- perdiendo.
Guiones de televisión, menciones de radio, titulares de avisos, textos de vía pública, posteos o tuiteos en las redes sociales, estrategias completas, sesudos racionales que argumentan campañas millonarias….
En cada rincón de la Publicidad hay un Redactor trabajando.
En todo caso, en una agencia de publicidad, ser redactor no es un trabajo fácil. Seguramente nos den la computadora más vieja, el monitor más chico y el rincón más apartado de la oficina.
Pero esa misma condición de “desclasados” envuelve a nuestro trabajo de una mística particular.
La misma que –como hace 50, 70 o 2000 años- nos permite seguir provocando una reacción con la alquimia de las palabras.
Emocionando con una buena historia de 30 segundos televisivos, haciendo reír con un spot de radio a las 7 de la mañana, disparando una polémica desde la red social o sacando el niño que tenemos dentro con un titular que nos grita desde un cartel callejero.
Es que, hasta el ser más tímido y retraído, se vuelve grande montado a lomos de un par de mayúsculas.
No es poca cosa para alguien que apenas tiene que desafiar la soledad agobiante de la página en blanco…
Ajústense los cinturones.
